miércoles, 1 de abril de 2009

El crecimiento económico moderno

Semana del 30 de marzo al 5 de abril.
Esta semana hemos terminado el tema del comercio internacional y política comercial del siglo XIX hablando del proteccionismo. El proteccionismo se generalizó antes de 1840 y a partir de 1870 y sobre todo fue adaptado por naciones que habían iniciado o consolidaban procesos de unificación nacional y/o industrialización. También en esta época se produjeron multitudes de movimientos internacionales de factores de producción. Podemos empezar resaltando la gran emigración europea. Más de 44 millones de personas abandonaron Europa definitivamente hacia otros continentes a lo largo del siglo. Las causas de la emigración eran políticas, religiosas o económicas, a causa del desempleo agrario e industrial, niveles salariales, etc. Las emigraciones provocaban, entre otras consecuencias, formación de nuevos grupos e individualismo en destino y rotura de lazos familiares. Los impactos sociales provocados por esta globalización de los flujos de mercancías y capitales, y por las migraciones nacionales e internacionales del trabajo, se vieron agravados por la destrucción deliberada de las redes públicas tradicionales de asistencia a los pobres. Esto provocó un seguido de conflictos y movimientos antiliberales en aumento. También hubo movimientos internacionales de capitales a causa de la urbanización, industrialización y plantaciones. En total, el capital exportado se calcula en unos 9.550 millones de libras esterlinas. El movimiento de capital y trabajo provocó que en los países más ricos el aumento de la renta generara una capacidad de ahorro superior a las oportunidades de inversión interiores rentables y en los países seguidores y exportadores de materias primas se abrieron oportunidades de inversión rentables que superaban la capacidad de ahorro interior. Hubo también diferentes tipos de inversión exterior. En el caso de Rusia priorizaron la inversión en colonias, en cambio, Francia invirtió en Europa: en ferrocarril, minería, entre otras actividades intensivas en capital.
El crecimiento económico moderno fue otro de los puntos que analizamos. Los precedentes de este crecimiento fueron los pensamientos arbitristas, los fisiócratas y el mercantilismo. Entre los siglos XVIII-XIX surgió la escuela clásica. Se dieron dos formas distintas de pensar: una optimista, sobre las posibilidades de crecimiento sostenido, y otra pesimista. Entre los optimistas destacó Adam Smith y entre los pesimistas Ricardo y Malthus. Después surgió la escuela neoclásica. W. Rostow resaltó la importancia de la inversión. Personajes como W. Arthur Lewis o A. Gerschenkron tuvieron un papel principal en esta época proponiendo modelos de cambio estructural. Ya por último, terminamos hablando sobre J. Schumpeter o D. North, personajes que marcaron la economía neoinstitucional y evolucionista.


Me gustaría comentar los movimientos internacionales de capitales durante el siglo XIX para enlazarlo con un problema económico actual.
La inversión exterior de capitales no era una novedad del siglo XIX. Podemos decir que los dos determinantes principales de la inversión exterior de capitales fueron la urbanización y el progreso técnico. Las consecuencias de la exportación de capitales para los países exportadores fueron muy desiguales. Permitieron grandes negocios, pero también hubo muchas empresas fracasadas y muchos países no pagaron con regularidad su deuda pública. Para los países prestatarios, igual que para cualquier crédito, el resultado dependió del uso que hicieron de éste. La peor situación fue la de los países importadores de capitales en forma de deuda pública, que lo dedicaron o bien a empresas que no fueron rentables o bien a actividades militares o de ostentación sin retorno económico. Para el conjunto de la economía internacional, la inversión internacional de capitales, así como la gran emigración europea, tuvo resultados claramente positivos.
La crisis que sufrimos actualmente le podríamos poner un título: La venganza del exceso. Se señalaba que, a mediados de los noventa, las economías emergentes de Asia habían sido grandes importadoras de capital y habían tomado dinero prestado en el extranjero para financiar su desarrollo. Pero a raíz de la crisis financiera asiática de 1997 y 1998, esos países empezaron a protegerse a sí mismos amasando enormes cantidades de activos extranjeros como reservas, pero lo que estaban haciendo de hecho era exportar capital al resto de los países. La consecuencia fue que el mundo se inundó de dinero barato en busca de un lugar adonde ir. La mayor parte de ese dinero fue a parar a EEUU, de ahí su gigantesco déficit comercial. Durante un tiempo, el flujo masivo de capital creó una ilusión de riqueza en estos países. Los precios de activos subían, las monedas eran fuertes y todo parecía ir de maravilla. Pero, antes o después, las burbujas se pinchan siempre y las economías milagrosas de ayer se han convertido en los casos perdidos de hoy. Estamos contemplando la venganza del exceso. Y una forma de ver la actual situación internacional es pensar que estamos padeciendo una paradoja del ahorro: las cantidades que se quieren ahorrar superan a las que las empresas están dispuestas a invertir y la consecuencia es una depresión mundial que deja a todo el mundo peor de lo que estaba.

En la foto se puede observar un anuncio de subastas de casas embargadas junto a la sede del HSBC en Londres.

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