domingo, 26 de abril de 2009

La primera Guerra Mundial y los años veinte

Semana del 20 al 26 de marzo.
Esta semana hemos analizado la Primera Guerra Mundial, la inmediata reconstrucción y los años 20.
Existían diversas rivalidades en Europa continental como es el caso de la guerra franco-prusiana o el expansionismo austriaco en los Balcanes. En la Conferencia de Algeciras (1906) Francia y España se repartieron Marruecos y Alemania quería tener más protagonismo y pensaban que el devenir de la historia tenía que pasar por ellos. A partir de estos sucesos se crearon diferentes sistemas de alianza como la Triple Alianza (1882): Alemania, Austria e Italia; y la Triple Entente (1907): Francia, Reino Unido y Rusia. Además, en esta época aumentó el espíritu nacionalista en territorios como la Alsacia y Lorena, Trento, Polonia, las Islas Griegas y surgió el paneslavismo y el pangermanismo. El estallido de la guerra se produjo debido al atentado contra el archiduque Fransesc Ferran de Austria por parte de nacionalistas eslavos. Durante los años de guerra destaca la Revolución rusa de 1917. A principios de noviembre de 1918 Austria aceptó el armisticio i más tarde lo firmaría Alemania también. Las consecuencias de la guerra fueron una cantidad enorme de bajas militares, pérdidas civiles y déficit de nacimientos. Hubo un freno en la inversión y falta de mantenimiento. Se abandonó el patrón oro, hubo depreciación monetaria e inflación de precios. El exceso de capacidad en sectores tradicionales ligados a la guerra fue otro de los problemas. Además se produjeron problemas territoriales y humillaciones nacionales, Alemania perdió muchos territorios y tuvo que pagar una suma de dinero por las reparaciones y daños. En esta guerra hubo un personaje que destacó que fue Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, más conocido como Barón Rojo, que fue un piloto alemán que consiguió derribar ochenta aeroplanos enemigos durante la I GM. Fue el héroe de los alemanes y respetado por sus enemigos. La paz de la I GM no se cerraría correctamente y esto produciría el estallido de la II GM.
En los años veinte la inestabilidad era patente y durante la primera mitad se empezó a reconstruir todo lo que había quedado arrasado y hubieron tasas de crecimiento altas. Y durante la segunda mitad se intentó la consolidación en este contexto internacional inestable. EEUU fue el principal acreedor en esta época y los principales deudores fueron Francia, Italia y Bélgica. Ya por último destacó la hiperinflación que sufrieron países como Austria, Hungría, Alemania o Polonia.

Me gustaría destacar la hiperinflación alemana para después enlazar con los costes de la inflación actualmente.
La hiperinflación es una inflación muy elevada, fuera de control, en la que los precios aumentan rápidamente al mismo tiempo que la moneda pierde su valor. Alemania lo sufrió después de la I GM. Hay dos teorías sobre porqué se produjo. Unos dicen que fue debido al déficit de la balanza de pagos y otros al déficit presupuestario. Dejando de banda estas dos teorías, se debe tener en cuenta que la inflación había resultado beneficiosa en un primer momento. El descenso real de los precios alemanes en el exterior había permitido aumentar las exportaciones y con ellas la producción y el empleo. Era una especie de financiación forzada, de traspaso del ahorro a manos de grandes industriales y comerciantes, incrementando con la disminución de costes, que en tiempos de inflación representa el retraso del crecimiento de los salarios respecto a los precios. Todo ello permitió la rápida transformación de grandes fortunas. Pero cuando la inflación se disparó, hacia mediados de 1922, la baja capacidad de compra interior hizo aumentar los stocks de las empresas y provocó el descenso de la producción, al mismo tiempo que el incremento desmedido de los precios obligaba a indexar los sueldos sobre los precios. Esto provocó que la inflación deprimió todavía más la actividad económica.
Pasamos ahora a hablar sobre los costes de inflación. Primeramente, cabe destacar que la inflación no provoca la disminución del poder adquisitivo. Cuando suben los precios, los compradores de bienes y servicios pagan más por lo que compran. Sin embargo, al mismo tiempo los vendedores de bienes y servicios reciben más por lo que venden y como la renta de la mayoría de las personas procede de la venta de sus servicios, como puede ser de su trabajo, la inflación de las rentas está estrechamente relacionada con la inflación de los precios. Con esto podemos afirmar que la inflación no reduce en sí misma el poder adquisitivo real de los individuos. También existen los costes en suela de zapatos, que son los recursos que los individuos despilfarran cuando la inflación los anima a reducir sus tendencias de dinero. La comparación con la suela de los zapatos es porque al acudir más a menudo al banco, se desgastan más deprisa los zapatos y acudimos más a menudo al banco para evitar el impuesto de inflación teniendo menos dinero. Existen también los costes de menú, que son los costes de ajuste y de modificar los precios, porque la inflación eleva los costes de menú que deben soportar las empresas. Las distorsiones fiscales provocadas por la inflación es otro de los costes. Casi todos los impuestos distorsionan los incentivos, llevan a los individuos a cambiar de conducta y provocan una asignación menos eficiente de los recursos de la economía. Sin embargo, muchos impuestos plantean aún más problemas cuando hay inflación, ya que los legisladores no suelen tener en cuenta la inflación cuando redactan las leyes tributarias. Los economistas concluyen que la inflación tiende a aumentar la presión fiscal sobre la renta procedente de los ahorros. Además se produce confusión e incomodidad, ya que los inversores, cuando hay inflación, son en cierta medida menos capaces de distinguir las empresas prósperas de las demás, lo cual impide a su vez que los mercados financieros desempeñen su papel de asignar el ahorro de la economía a los distintos tipos de inversión. Y ya por último, resalta el coste especial de una inflación imprevista: las redistribuciones arbitrarias de la riqueza que no tiene nada que ver con los méritos ni con las necesidades. Esta redistribución se produce porque muchos préstamos de la economía se especifican en la unidad de cuenta, que es el dinero.
La imagen representa el aeroplano del Barón Rojo.

viernes, 17 de abril de 2009

El sistema internacional de pagos de patrón oro

Semana del 13 al 19 de abril
Esta semana nos hemos centrado en analizar el sistema internacional de pagos en el siglo XIX, el patrón oro. Este sistema se desarrolló debido al crecimiento del PIB y del comercio de ese siglo. El hecho de adoptar este patrón viene de la mano de una serie de condiciones. Se debe tener libertad de circulación y de comercio, cualquier persona puede comprar, vender importar o exportar el metal patrón y no puede existir ninguna restricción a la circulación interior de la moneda patrón. Tiene que tener convertibilidad total y debe tener fuerza liberadora ilimitada. Pero existían diferentes sistemas con patrón metálico que eran los monometálicos y bimetálicos. Hay que resaltar que el origen del patrón oro tuvo lugar en Inglaterra, quien dominaba todo el oro brasileño. Lo más importante no era que la convertibilidad fuera en oro, sino la construcción de un sistema monetario internacional basado en el dinero banca convertible a una paridad fija. Pero la mayoría de países funcionaban o bien con sistema monometálico plata o bien con un sistema bimetálico. Sólo algunos países secundarios como España mantenían un sistema sin patrón. Dos de los objetivos que se proponían conseguir con la convertibilidad del dinero bancario en oro era la estabilidad de cambios y la estabilidad de precios. También se pensaba que existía la teoría mística del ajuste automático en caso de desequilibrio en balanza comercial y de pagos: tipos de interés. Pero lejos de ser automáticos, los ajustes consistían en el cumplimiento disciplinado por todos los bancos centrales de unas mismas reglas, ya que los niveles de precios internacionales mantuvieron una gran sincronía y los tipos de interés tendían a moverse al unísono siguiendo al Banco de Inglaterra gracias a esto. El patrón oro dependía del liderazgo británico y moriría con él.

Me gustaría destacar que tal y como funcionaba en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, el sistema internacional de pagos era tanto de patrón oro como de patrón libra. Se basaba en la supremacía británica sobre la economía, y especialmente sobre las finanzas mundiales, que facilitaba los pagos y los cobros desde cualquier lugar del mundo a cualquier otro. El predominio británico sobre la economía mundial prestigiaba la libra esterlina, tan valorada como el oro. Pero el papel central de Gran Bretaña se fue debilitando, el superávit de su balanza de pagos era decreciente y se podía comenzar a dudar de su solidez. Actualmente, desde la entrada en vigor del euro, la fuerza del dólar y el crecimiento de la fuerza del yen, la libra ha pasado a tener un papel secundario. El Reino Unido es de los pocos países de Europa que no adoptó el euro. Aunque la libra y el euro no están fijados el uno al otro, frecuentemente hay largos periodos en los que la libra y el euro se mueven sincronizados, aunque desde mediados de 2006 esta correlación se ha ido debilitando. Las preocupaciones de la inflación en el Reino Unido llevaron al Banco de Inglaterra a aumentar las tasas de interés al doble inesperadamente a fines de 2006 y principios de 2007, causando que la libra se elevara a su tasa más alta contra el euro desde enero de 2003.
Esta crisis financiera internacional de 2008 que ya ha quedado definitivamente en la historia está afectando duramente al Reino Unido. La crisis de las subprime ha golpeado con dureza a la economía británica y es que al igual que lo ocurrido en los Estados Unidos, el sistema financiero inglés, en un verdadero boom crediticio, ha generado gran cantidad de hipotecas de baja calidad que impulsó la demanda de viviendas haciendo que sus precios se incrementaran fuertemente. La reversión de esta situación puso al borde del colapso al sistema financiero inglés y le asestó un duro golpe a la economía real. Ello generó un brusco cambio en el panorama económico del país donde la inflación dejó de ser un tema de preocupación para el Banco de Inglaterra que se dedicó a luchar contra el estancamiento económico. El deterioro de la situación económica se ha visto reflejado en el valor de la libra esterlina que fue perdiendo valor frente a las principales divisas. Pero a la cuestión de la debilidad relativa de la libra esterlina en relación al euro se sumó en el último tiempo un tema que seguramente generará un amplio debate: en diferentes ámbitos se ha comenzado a debatir la posibilidad de que Inglaterra abandone su moneda para adoptar el euro. Para tener una idea de lo que ello significa, cuando nos referimos a la libra esterlina, estamos hablando ni más ni menos que de una divisa que data del siglo XVI y que representa un símbolo del poder inglés, por lo que la decisión de abandonarla como moneda de curso legal no aparece como una decisión sencilla. Esta posibilidad de unirse al euro ha comenzado a ser debatido por los analistas financieros. Incluso el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, le solicitó al gobierno inglés que considere la posibilidad de unirse al euro.

miércoles, 1 de abril de 2009

El crecimiento económico moderno

Semana del 30 de marzo al 5 de abril.
Esta semana hemos terminado el tema del comercio internacional y política comercial del siglo XIX hablando del proteccionismo. El proteccionismo se generalizó antes de 1840 y a partir de 1870 y sobre todo fue adaptado por naciones que habían iniciado o consolidaban procesos de unificación nacional y/o industrialización. También en esta época se produjeron multitudes de movimientos internacionales de factores de producción. Podemos empezar resaltando la gran emigración europea. Más de 44 millones de personas abandonaron Europa definitivamente hacia otros continentes a lo largo del siglo. Las causas de la emigración eran políticas, religiosas o económicas, a causa del desempleo agrario e industrial, niveles salariales, etc. Las emigraciones provocaban, entre otras consecuencias, formación de nuevos grupos e individualismo en destino y rotura de lazos familiares. Los impactos sociales provocados por esta globalización de los flujos de mercancías y capitales, y por las migraciones nacionales e internacionales del trabajo, se vieron agravados por la destrucción deliberada de las redes públicas tradicionales de asistencia a los pobres. Esto provocó un seguido de conflictos y movimientos antiliberales en aumento. También hubo movimientos internacionales de capitales a causa de la urbanización, industrialización y plantaciones. En total, el capital exportado se calcula en unos 9.550 millones de libras esterlinas. El movimiento de capital y trabajo provocó que en los países más ricos el aumento de la renta generara una capacidad de ahorro superior a las oportunidades de inversión interiores rentables y en los países seguidores y exportadores de materias primas se abrieron oportunidades de inversión rentables que superaban la capacidad de ahorro interior. Hubo también diferentes tipos de inversión exterior. En el caso de Rusia priorizaron la inversión en colonias, en cambio, Francia invirtió en Europa: en ferrocarril, minería, entre otras actividades intensivas en capital.
El crecimiento económico moderno fue otro de los puntos que analizamos. Los precedentes de este crecimiento fueron los pensamientos arbitristas, los fisiócratas y el mercantilismo. Entre los siglos XVIII-XIX surgió la escuela clásica. Se dieron dos formas distintas de pensar: una optimista, sobre las posibilidades de crecimiento sostenido, y otra pesimista. Entre los optimistas destacó Adam Smith y entre los pesimistas Ricardo y Malthus. Después surgió la escuela neoclásica. W. Rostow resaltó la importancia de la inversión. Personajes como W. Arthur Lewis o A. Gerschenkron tuvieron un papel principal en esta época proponiendo modelos de cambio estructural. Ya por último, terminamos hablando sobre J. Schumpeter o D. North, personajes que marcaron la economía neoinstitucional y evolucionista.


Me gustaría comentar los movimientos internacionales de capitales durante el siglo XIX para enlazarlo con un problema económico actual.
La inversión exterior de capitales no era una novedad del siglo XIX. Podemos decir que los dos determinantes principales de la inversión exterior de capitales fueron la urbanización y el progreso técnico. Las consecuencias de la exportación de capitales para los países exportadores fueron muy desiguales. Permitieron grandes negocios, pero también hubo muchas empresas fracasadas y muchos países no pagaron con regularidad su deuda pública. Para los países prestatarios, igual que para cualquier crédito, el resultado dependió del uso que hicieron de éste. La peor situación fue la de los países importadores de capitales en forma de deuda pública, que lo dedicaron o bien a empresas que no fueron rentables o bien a actividades militares o de ostentación sin retorno económico. Para el conjunto de la economía internacional, la inversión internacional de capitales, así como la gran emigración europea, tuvo resultados claramente positivos.
La crisis que sufrimos actualmente le podríamos poner un título: La venganza del exceso. Se señalaba que, a mediados de los noventa, las economías emergentes de Asia habían sido grandes importadoras de capital y habían tomado dinero prestado en el extranjero para financiar su desarrollo. Pero a raíz de la crisis financiera asiática de 1997 y 1998, esos países empezaron a protegerse a sí mismos amasando enormes cantidades de activos extranjeros como reservas, pero lo que estaban haciendo de hecho era exportar capital al resto de los países. La consecuencia fue que el mundo se inundó de dinero barato en busca de un lugar adonde ir. La mayor parte de ese dinero fue a parar a EEUU, de ahí su gigantesco déficit comercial. Durante un tiempo, el flujo masivo de capital creó una ilusión de riqueza en estos países. Los precios de activos subían, las monedas eran fuertes y todo parecía ir de maravilla. Pero, antes o después, las burbujas se pinchan siempre y las economías milagrosas de ayer se han convertido en los casos perdidos de hoy. Estamos contemplando la venganza del exceso. Y una forma de ver la actual situación internacional es pensar que estamos padeciendo una paradoja del ahorro: las cantidades que se quieren ahorrar superan a las que las empresas están dispuestas a invertir y la consecuencia es una depresión mundial que deja a todo el mundo peor de lo que estaba.

En la foto se puede observar un anuncio de subastas de casas embargadas junto a la sede del HSBC en Londres.