domingo, 29 de marzo de 2009

El surgimiento de la economía internacional

Semana del 23 al 29 de marzo.
Esta semana empezamos hablando sobre la dominación económica del mundo no industrializado. Este dominio de los países industrializados sobre el resto del mundo se conoce con el nombre de imperialismo. Estas zonas sometidas tuvieron un crecimiento desequilibrado. Entre estas zonas destacamos las Nuevas Europas y la India. Las Nuevas Europas o colonias de población europea más características son Canadá, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda. Estos países disponían de grandes extensiones de territorio, y en algunos casos de importantes riquezas mineras. China y el centro y sur de América fueron otros de los territorios dominados.
El punto de inicio de la ocupación colonial del resto del mundo fue la conferencia de Berlín de 1885, en la que se acordó que toda potencia establecida en una costa podía avanzar hacia el interior hasta que se encontrara el establecimiento de otra potencia colonial. Así empezaba el reparto colonial del mundo. El interés de los estados en obtener dominios coloniales se debía, entre otras razones, al miedo a quedarse atrás en el dominio de puntos estratégicos, el prestigio social, la explotación de la riqueza, existente o generada, explotaciones mineras y comercialización forzada de productos.
Cerramos este segundo círculo de difusión de la industrialización y empezamos con el surgimiento de la economía internacional. Analizamos la distribución geográfica del comercio mundial, con un predomino de Europa, escaso comercio entre países no europeos y concentración del comercio mundial en Alemania, Francia y Rusia. Hay que destacar que con un cuarto de la población Europa movía el 70% del comercio mundial. Pero a partir de 1870-80 las economías en proceso de industrialización intercambian productos con distintos precios relativos e incrementan los intercambios de productos “equivalentes”, ya que antes de este periodo el patrón general fue el intercambio de manufacturas (Europa y América del Norte) por materias primas y alimentos (resto del mundo). Hubo un progreso en la estandarización en las bases de medición, en el control de enfermedades y en la cooperación científica internacional. En esta época también surgió el Librecambio, que tuvo una escasa duración, entre 1860 y 1870. Fue adoptado sobre todo por naciones industrializadas y sus principales teorizadores fueron A. Smith, D. Ricardo y J. Stuart Mill.

Me gustaría hablar un poco más sobre el librecambismo para enlazarlo con un problema socioeconómico actual como es la crisis en la que estamos inmersos.
Se denomina librecambismo a la doctrina económica que propugna la no intervención estatal en el comercio internacional, permitiendo que los flujos de mercancías se gobiernen por las ventajas de cada país y la competitividad de las empresas, suponiendo que con ello se producirá una adecuada distribución de los bienes y servicios y una asignación óptima de los recursos económicos a escala planetaria. El librecambismo es considerado como el primer capitalismo y plantea la libertad absoluta de negocio.
Como hemos podido comprobar, el capitalismo, el sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados, también tiene desventajas. Actualmente, en el fondo de este caos financiero, el peor en un siglo, encontramos lo siguiente: el capitalismo libertario del laissez-faire que predicaban Friedman y Hayek, al que se permitió desbocarse sin reglamentación. En la crisis que ha desencadenado la total desregulación se está impulsando un falso keynesianismo: el Estado, con el dinero de todos, salva los bancos y empresas, pero la propiedad, y con ella la capacidad de decidir, queda en manos privadas.

Ya por último, quiero resaltar el papel que ha tenido Madoff y su estructura piramidal en esta crisis. Pagaba altos intereses a sus clientes con el dinero fresco de los nuevos clientes que invertían en sus fondos, sin que hubiera ninguna base real en la que estuviera depositado el capital. El inversor de Madoff descubrió con horror que su riqueza era producto de la imaginación de un tercero. La imagen significa la inocencia del mundo delante Madoff representado como un demonio con el tridente.

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