Esta semana hemos analizado la Primera Guerra Mundial, la inmediata reconstrucción y los años 20.
Existían diversas rivalidades en Europa continental como es el caso de la guerra franco-prusiana o el expansionismo austriaco en los Balcanes. En la Conferencia de Algeciras (1906) Francia y España se repartieron Marruecos y Alemania quería tener más protagonismo y pensaban que el devenir de la historia tenía que pasar por ellos. A partir de estos sucesos se crearon diferentes sistemas de alianza como la Triple Alianza (1882): Alemania, Austria e Italia; y la Triple Entente (1907): Francia, Reino Unido y Rusia. Además, en esta época aumentó el espíritu nacionalista en territorios como la Alsacia y Lorena, Trento, Polonia, las Islas Griegas y surgió el paneslavismo y el pangermanismo. El estallido de la guerra se produjo debido al atentado contra el archiduque Fransesc Ferran de Austria por parte de nacionalistas eslavos. Durante los años de guerra destaca la Revolución rusa de 1917. A principios de noviembre de 1918 Austria aceptó el armisticio i más tarde lo firmaría Alemania también. Las consecuencias de la guerra fueron una cantidad enorme de bajas militares, pérdidas civiles y déficit de nacimientos. Hubo un freno en la inversión y falta de mantenimiento. Se abandonó el patrón oro, hubo depreciación monetaria e inflación de precios. El exceso de capacidad en sectores tradicionales ligado
s a la guerra fue otro de los problemas. Además se produjeron problemas territoriales y humillaciones nacionales, Alemania perdió muchos territorios y tuvo que pagar una suma de dinero por las reparaciones y daños. En esta guerra hubo un personaje que destacó que fue Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, más conocido como Barón Rojo, que fue un piloto alemán que consiguió derribar ochenta aeroplanos enemigos durante la I GM. Fue el héroe de los alemanes y respetado por sus enemigos. La paz de la I GM no se cerraría correctamente y esto produciría el estallido de la II GM.
En los años veinte la inestabilidad era patente y durante la primera mitad se empezó a reconstruir todo lo que había quedado arrasado y hubieron tasas de crecimiento altas. Y durante la segunda mitad se intentó la consolidación en este contexto internacional inestable. EEUU fue el principal acreedor en esta época y los principales deudores fueron Francia, Italia y Bélgica. Ya por último destacó la hiperinflación que sufrieron países como Austria, Hungría, Alemania o Polonia.
Me gustaría destacar la hiperinflación alemana para después enlazar con los costes de la inflación actualmente.
La hiperinflación es una inflación muy elevada, fuera de control, en la que los precios aumentan rápidamente al mismo tiempo que la moneda pierde su valor. Alemania lo sufrió después de la I GM. Hay dos teorías sobre porqué se produjo. Unos dicen que fue debido al déficit de la balanza de pagos y otros al déficit presupuestario. Dejando de banda estas dos teorías, se debe tener en cuenta que la inflación había resultado beneficiosa en un primer momento. El descenso real de los precios alemanes en el exterior había permitido aumentar las exportaciones y con ellas la producción y el empleo. Era una especie de financiación forzada, de traspaso del ahorro a manos de grandes industriales y comerciantes, incrementando con la disminución de costes, que en tiempos de inflación representa el retraso del crecimiento de los salarios respecto a los precios. Todo ello permitió la rápida transformación de grandes fortunas. Pero cuando la inflación se disparó, hacia mediados de 1922, la baja capacidad de compra interior hizo aumentar los stocks de las empresas y provocó el descenso de la producción, al mismo tiempo que el incremento desmedido de los precios obligaba a indexar los sueldos sobre los precios. Esto provocó que la inflación deprimió todavía más la actividad económica.
Pasamos ahora a hablar sobre los costes de inflación. Primeramente, cabe destacar que la inflación no provoca la disminución del poder adquisitivo. Cuando suben los precios, los compradores de bienes y servicios pagan más por lo que compran. Sin embargo, al mismo tiempo los vendedores de bienes y servicios reciben más por lo que venden y como la renta de la mayoría de las personas procede de la venta de sus servicios, como puede ser de su trabajo, la inflación de las rentas está estrechamente relacionada con la inflación de los precios. Con esto podemos afirmar que la inflación no reduce en sí misma el poder adquisitivo real de los individuos. También existen los costes en suela de zapatos, que son los recursos que los individuos despilfarran cuando la inflación los anima a reducir sus tendencias de dinero. La comparación con la suela de los zapatos es porque al acudir más a menudo al banco, se desgastan más deprisa los zapatos y acudimos más a menudo al banco para evitar el impuesto de inflación teniendo menos dinero. Existen también los costes de menú, que son los costes de ajuste y de modificar los precios, porque la inflación eleva los costes de menú que deben soportar las empresas. Las distorsiones fiscales provocadas por la inflación es otro de los costes. Casi todos los impuestos distorsionan los incentivos, llevan a los individuos a cambiar de conducta y provocan una asignación menos eficiente de los recursos de la economía. Sin embargo, muchos impuestos plantean aún más problemas cuando hay inflación, ya que los legisladores no suelen tener en cuenta la inflación cuando redactan las leyes tributarias. Los economistas concluyen que la inflación tiende a aumentar la presión fiscal sobre la renta procedente de los ahorros. Además se produce confusión e incomodidad, ya que los inversores, cuando hay inflación, son en cierta medida menos capaces de distinguir las empresas prósperas de las demás, lo cual impide a su vez que los mercados financieros desempeñen su papel de asignar el ahorro de la economía a los distintos tipos de inversión. Y ya por último, resalta el coste especial de una inflación imprevista: las redistribuciones arbitrarias de la riqueza que no tiene nada que ver con los méritos ni con las necesidades. Esta redistribución se produce porque muchos préstamos de la economía se especifican en la unidad de cuenta, que es el dinero.
Existían diversas rivalidades en Europa continental como es el caso de la guerra franco-prusiana o el expansionismo austriaco en los Balcanes. En la Conferencia de Algeciras (1906) Francia y España se repartieron Marruecos y Alemania quería tener más protagonismo y pensaban que el devenir de la historia tenía que pasar por ellos. A partir de estos sucesos se crearon diferentes sistemas de alianza como la Triple Alianza (1882): Alemania, Austria e Italia; y la Triple Entente (1907): Francia, Reino Unido y Rusia. Además, en esta época aumentó el espíritu nacionalista en territorios como la Alsacia y Lorena, Trento, Polonia, las Islas Griegas y surgió el paneslavismo y el pangermanismo. El estallido de la guerra se produjo debido al atentado contra el archiduque Fransesc Ferran de Austria por parte de nacionalistas eslavos. Durante los años de guerra destaca la Revolución rusa de 1917. A principios de noviembre de 1918 Austria aceptó el armisticio i más tarde lo firmaría Alemania también. Las consecuencias de la guerra fueron una cantidad enorme de bajas militares, pérdidas civiles y déficit de nacimientos. Hubo un freno en la inversión y falta de mantenimiento. Se abandonó el patrón oro, hubo depreciación monetaria e inflación de precios. El exceso de capacidad en sectores tradicionales ligado
s a la guerra fue otro de los problemas. Además se produjeron problemas territoriales y humillaciones nacionales, Alemania perdió muchos territorios y tuvo que pagar una suma de dinero por las reparaciones y daños. En esta guerra hubo un personaje que destacó que fue Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, más conocido como Barón Rojo, que fue un piloto alemán que consiguió derribar ochenta aeroplanos enemigos durante la I GM. Fue el héroe de los alemanes y respetado por sus enemigos. La paz de la I GM no se cerraría correctamente y esto produciría el estallido de la II GM.En los años veinte la inestabilidad era patente y durante la primera mitad se empezó a reconstruir todo lo que había quedado arrasado y hubieron tasas de crecimiento altas. Y durante la segunda mitad se intentó la consolidación en este contexto internacional inestable. EEUU fue el principal acreedor en esta época y los principales deudores fueron Francia, Italia y Bélgica. Ya por último destacó la hiperinflación que sufrieron países como Austria, Hungría, Alemania o Polonia.
Me gustaría destacar la hiperinflación alemana para después enlazar con los costes de la inflación actualmente.
La hiperinflación es una inflación muy elevada, fuera de control, en la que los precios aumentan rápidamente al mismo tiempo que la moneda pierde su valor. Alemania lo sufrió después de la I GM. Hay dos teorías sobre porqué se produjo. Unos dicen que fue debido al déficit de la balanza de pagos y otros al déficit presupuestario. Dejando de banda estas dos teorías, se debe tener en cuenta que la inflación había resultado beneficiosa en un primer momento. El descenso real de los precios alemanes en el exterior había permitido aumentar las exportaciones y con ellas la producción y el empleo. Era una especie de financiación forzada, de traspaso del ahorro a manos de grandes industriales y comerciantes, incrementando con la disminución de costes, que en tiempos de inflación representa el retraso del crecimiento de los salarios respecto a los precios. Todo ello permitió la rápida transformación de grandes fortunas. Pero cuando la inflación se disparó, hacia mediados de 1922, la baja capacidad de compra interior hizo aumentar los stocks de las empresas y provocó el descenso de la producción, al mismo tiempo que el incremento desmedido de los precios obligaba a indexar los sueldos sobre los precios. Esto provocó que la inflación deprimió todavía más la actividad económica.
Pasamos ahora a hablar sobre los costes de inflación. Primeramente, cabe destacar que la inflación no provoca la disminución del poder adquisitivo. Cuando suben los precios, los compradores de bienes y servicios pagan más por lo que compran. Sin embargo, al mismo tiempo los vendedores de bienes y servicios reciben más por lo que venden y como la renta de la mayoría de las personas procede de la venta de sus servicios, como puede ser de su trabajo, la inflación de las rentas está estrechamente relacionada con la inflación de los precios. Con esto podemos afirmar que la inflación no reduce en sí misma el poder adquisitivo real de los individuos. También existen los costes en suela de zapatos, que son los recursos que los individuos despilfarran cuando la inflación los anima a reducir sus tendencias de dinero. La comparación con la suela de los zapatos es porque al acudir más a menudo al banco, se desgastan más deprisa los zapatos y acudimos más a menudo al banco para evitar el impuesto de inflación teniendo menos dinero. Existen también los costes de menú, que son los costes de ajuste y de modificar los precios, porque la inflación eleva los costes de menú que deben soportar las empresas. Las distorsiones fiscales provocadas por la inflación es otro de los costes. Casi todos los impuestos distorsionan los incentivos, llevan a los individuos a cambiar de conducta y provocan una asignación menos eficiente de los recursos de la economía. Sin embargo, muchos impuestos plantean aún más problemas cuando hay inflación, ya que los legisladores no suelen tener en cuenta la inflación cuando redactan las leyes tributarias. Los economistas concluyen que la inflación tiende a aumentar la presión fiscal sobre la renta procedente de los ahorros. Además se produce confusión e incomodidad, ya que los inversores, cuando hay inflación, son en cierta medida menos capaces de distinguir las empresas prósperas de las demás, lo cual impide a su vez que los mercados financieros desempeñen su papel de asignar el ahorro de la economía a los distintos tipos de inversión. Y ya por último, resalta el coste especial de una inflación imprevista: las redistribuciones arbitrarias de la riqueza que no tiene nada que ver con los méritos ni con las necesidades. Esta redistribución se produce porque muchos préstamos de la economía se especifican en la unidad de cuenta, que es el dinero.
La imagen representa el aeroplano del Barón Rojo.



